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viernes, 3 de abril de 2015

El match del siglo, la final que paralizó al mundo


Por el 18:13

nota extraída de El Gráfico y Cancha Llena.

En julio de 1972, en plena Guerra Fría entre la URSS y USA, la final mundial de ajedrez enfrentó a dos jugadores de esos estados. El socialismo y el capitalismo dirimiendo mediante un tablero una de las tantas batallas simbólicas de aquel conflicto.


El 3 de abril de 1975, el Dr. Max Euwe, presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE, según sus siglas francesas) procedió a poner fin al mandato del norteamericano Robert Bobby Fischer y a consagrar al ruso Anatoly Karpov, de 24 años, en su sucesor y duodécimo campeón mundial oficial de ajedrez. Hace 40 años la FIDE y su establishment pergeñaron un jaque mortal contra Bobby Fischer, uno de los mejores ajedrecistas de la historia, mientras que un representante ideológico del antiguo régimen de la URSS recuperaba el título más deseado. La casa volvía a estar en orden. Nace la historia.

En julio de 1972, la Unión Soviética y los Estados Unidos encontraron un motivo suficiente para descargar tanta tensión contenida. La Guerra Fría enfrentaba a las dos superpotencias, en pugna por instaurar un modelo planetario, bajo la constante amenaza de misiles intercontinentales. En ese contexto de inminente estallido se disputó un juego de ajedrez que enfrentó a dos figuras del deporte identificadas con signos contrarios. Boris Spassky vs Robert James Bobby Fischer. El primero, soviético y campeón mundial; el segundo, americano y retador del título. Dirimieron en un tablero algo mucho más que una corona o sus egos de mentes prodigiosas. El denominado Match del siglo fue una de las batallas más simbólicas de la disputa obsesiva y persecutoria que marcó la segunda mitad del Siglo XX. La crónica de esa contienda en la que el capitalismo preanunció su triunfo sobre el socialismo.

Los ajedrecistas soviéticos reinaban sin interrupciones desde 1948. Veinticinco años habían pasado de la última vez que se había coronado un campeón nacido fuera de las tierras de Lenin. Boris Spassky heredó la posta en 1969, tras vencer en la final del mundo a su compatriota Tigran Petrosian. La Unión Soviética apoyaba abiertamente la práctica del ajedrez, concediendo becas y subvenciones, financiando la carrera de los principales proyectos del régimen, y por eso, antes de su desintegración en 1989, de sus 288 millones de habitantes, cinco millones llegaron a practicarlo de manera federada y más de cincuenta millones lo jugaban como simples aficionados en los sindicatos, fábricas y unidades militares. Alguna vez, en el hotel Holiday Inn, en el barrio porteño de Balvanera, el exiliado soviético y gran maestro Víktor Korchnoi ironizó ante tamañas cifras y me dijo: "¿Y qué otras cosas, tú crees que podía hacer en la URSS, un ciudadano soviético en invierno además de beber Vodka y jugar ajedrez?".

Fischer, un americano oriundo de Illinois que dio con el juego por casualidad, se había perfeccionando mediante un plan autodidacta y excluyente. Dedicó toda su adolescencia a aprender el secreto y la eficiencia de las jugadas. Cuando tenía 15 años abandonó el colegio por considerarlo inútil para cumplir su único propósito: ser campeón mundial. En el 57 dio el primer paso: se coronó campeón de los Estados Unidos y obtuvo el título de Gran Maestro. Fue acumulando fama y prestigio mediante algunos triunfos frente a oponentes de renombre. Desde 1962 hasta la final con Spaasky solamente en dos torneos no se había proclamado campeón. Su juego veloz lo convirtió en el máximo exponente del ajedrez relámpago. Dos años antes de la cita con el ruso le saco más brillo a su nombre coronándose en el Torneo Interzonal de Palma de Mallorca.

Reikiavik, la capital de Islandia, fue el escenario elegido para la final, que se jugó al mejor del 24 partidas. Los jugadores podían sumar puntos mediante el triunfo (1 punto) y el empate (0.5 puntos). El primero en llegar a los 12 y medio sería coronado ganador. El campeón defensor tenía ventaja deportiva, el empate en 12 le permitía retener el título. Cuando todo estaba acordado, Fischer exigió una mejora en la bolsa ofrecida. Al aspirante no lo conformaban los 125.000 dólares que habían puesto los organizadores. El conflicto se solucionó mediante la intervención de un financiero británico que redobló la apuesta.

Spassky fue recibido con recelo por el público y las autoridades de su país. Al excampeón del mundo ya le habían soltado la mano. Seis años después de perder la corona con Fischer se nacionalizó francés, aunque siguió compitiendo bajo la bandera soviética. En 1974 cayó en semifinales ante el futuro campeón Anatoli Karpov, y en el 78 perdió la final frente Víctor Korchnoir.
Fischer no volvió a jugar durante su reinado. En 1975 le exigió a su retador Karpov un sistema de puntos que la Federación Internacional de Ajedrez, dirigida por los soviéticos, consideró un abuso. Le quitaron la corona y proclamaron campeón al aspirante.


¿Querés conocer acerca del juego del siglo? No dejes de pasar por las dos notas de nuestra fuente.

Fuente: El Gráfico y Cancha Llena. Ficha técnica del "match" en Wikipedia.

1 comentarios:

  1. Mucho se dijo de Bobby Fischer: genio, neurótico obsesivo, inmaduro, caprichoso... Ganaba porque podía calcular muchas más jugadas que sus oponentes, en cada posición "veía" cincuenta o más jugadas sucesivas con variantes y subvariantes. No se sabe si enloqueció del todo y/o simplemente dejó de interesarle competir en ajedrez, "desapareció" del escenario aunque no del todo, siempre aparece alguien que afirma haberlo visto jugando en algún lugar anónimo.

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