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lunes, 18 de agosto de 2014

21 - ¿Quién sos?: San Martín, o... ¿San Masón?


Por el 15:24


Próximo a conmemorarse un aniversario más del fallecimiento de San Martín, Nicolás Stupiski nos invita a viajar por Europa y América siguiendo los pasos de José de San Martin, pero en el rol de masón. ¿Qué fue la masonería? Cómo funcionaba y que fines perseguía, ¡eso y mucho más!





San Masón

¿Qué es la masonería?

En la Edad Media (hacia el siglo XIII, aproximadamente), en el paisaje de las ciudades europeas surgían gigantes proezas arquitectónicas que tomaban forma de palacios e iglesias. Una de las actividades económicas más rentables y prestigiosas de la época consistía en la construcción de estos grandes edificios, cuya imponencia simbolizaban un poder casi divino.
En lo estrictamente terrenal, ese poder había sido alcanzado por el ser humano gracias al descubrimiento de ciertas técnicas de construcción, que hacían posible crear esos majestuosos edificios. El conocimiento de estas técnicas tenía un valor estratégico tan grande como las paredes de los castillos que podían construirse a partir de él, y hacía de quienes lo poseían individuos con una posición social bastante ventajosa.
Pero esta diferenciación sólo podía ser mantenida mientras ese conocimiento fuera conservado en un grupo limitado de personas. Si ese conocimiento se difundía públicamente el poder primigenio de ese grupo se desvanecería, no sólo por una cuestión obvia de incremento de la oferta, que hubiera hecho reducir a cero los beneficios extraordinarios de esas empresas, sino que  también sería licuada simbólicamente esa diferenciación al descubrirse que, con el mismo conocimiento, cualquiera podía realizar las mismas hazañas.
La Sociedad Secreta fue la herramienta organizativa utilizada por estos grupos para transmitir la información de manera tal que sea conocido solamente aquello era estrictamente necesario conocer por parte de aquellos individuos estrictamente necesarios para concluir la empresa.
Según la historia más difundida acerca del origen de la masonería, fueron estos grupos de masones (del francés, maçon: albañil) quienes dieron inicio a esta práctica, y que comenzaron a reunirse en logias (palabra de origen latino que hace referencia a una construcción pequeña, protegida, aislada) con el fin de conservar un conocimiento al “resguardo” del resto de la sociedad.
A partir de ese momento y de ese grupo original, la masonería se fue extendiendo y fue siendo utilizada por grupos con fines muy diversos, desde aquellos que buscaban un espacio social libre de las reglas generales de la sociedad, en el cual pudieran realizar prácticas vedadas por esas reglas, como por ejemplo: orgías sexuales, o sacrificios rituales, hasta aquellos que buscaban producir acciones que apuntaban a cambios políticos y sociales, y que necesitaban mantener en secreto sus planes y recursos. 

José de San Martín y la masonería

En 1797, el venezolano Francisco de Miranda fundó en Londres la Logia Gran Reunión Americana, también denominada Logia de los Caballeros Racionales, cuyo principal objetivo era promover la independencia de las colonias españolas y formar un único estado hispanoamericano.
Hacia 1800, el militar escocés Thomas Maitland diseña un plan que consistía básicamente en invadir Buenos Aires, avanzar hacia Chile, y luego pasar a Perú. Una versión de este plan se intentó poner en marcha en 1806 y 1807 por parte de William Pitt, Henry Melville y Home Riggs Popham, pero falló en su primera etapa.
En 1811, Miranda fundó en Cadiz una filial de los Caballeros Racionales, que llevaría el nombre de Logia Lautaro, después de que O´Higgins contara a Miranda la historia de Lautaro, un líder mapuche que había dirigido importantes revueltas contra los españoles durante el siglo XVI.
Algunos de los miembros de la logia eran: Santiago Mariño, Andrés Bello, Simón Bolivar, Bernardo O´Higgins, Juan Pablo Fretes, Tomás Guido, Carlos María de Alvear, José Matías Zapiola y José de San Martín, quien, en 1811, logra salir de España hacia Inglaterra con la ayuda de su amigo masón escocés James Duff, IV duque de Fife.
En 1812, San Martín, Zapiola y Alvear emprenden viaje a Buenos Aires con el fin de poner en marcha los planes del grupo. Fundan en ese año la Logia Lautaro en Buenos Aires, y se unen a la Sociedad Patriótica, cuyo ideario estaba basado en las ideas del recientemente fallecido Mariano Moreno, y que se encontraba liderada por Bernardo de Monteagudo. Una de las primeras acciones importantes de la logia, después de que San Martín creara el Regimiento de Granaderos a Caballo, fue deponer el Primer Triunvirato (cuyo líder era el Ministro de Gobierno Bernardino de Rivadavia, y cuyo plan de gobierno respondía a los intereses de los comerciantes porteños, despreciando los intereses del interior) y poner en su lugar el Segundo Triunvirato. A diferencia del Primero, el Segundo Triunvirato apoyó fuertemente la campaña militar contra los realistas en el norte.
A partir de este momento, el camino se facilita para los planes libertarios que concretaría San Martin, a pesar de que una fractura con su antiguo amigo Carlos María de Alvear le hiciera perder el apoyo de una parte de sus hermanos cófrades. A pesar de esto, San Martin llegaría a Perú y concretaría el plan original de la Logia y se encontraría con su cófrade Simón Bolivar, quién había hecho lo propio en el norte del continente.
 A pesar de haber sido fundamental para la liberación política y militar de Chile, Perú y Argentina, San Martín se ve obligado por sus enemigos internos a dejar nuevamente América en 1824, volviendo a Europa, a vivir en París y en Bélgica, casi sin recursos económicos, pero con la ayuda de amigos, entre los que se cuenta al banquero Alejandro Aguado, antiguo compañero de armas de San Martin en España, quien le facilitó la compra de una casa y le hizo más llevadera su situación económica.

Al parecer, San Martín contaba con una virtud verdaderamente estimable y que, en más de una ocasión los salvó de sus enemigos: la de hacerse apreciar mucho por las personas que lo rodeaban. Tal vez se deba a su compañerismo y a su lealtad, dos de las virtudes que más se valoran en los ámbitos masónicos más respetables, en los cuales se movió San Martín y que, además de darle un sustento político para su obra, indudablemente lo forjaron también como persona.



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