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lunes, 18 de agosto de 2014

20 - Historia: Hiroshima y Nagasaki


Por el 15:03


Bloque de Historia en UNO a UNO. Hiroshima y Nagasaki ¿Quién sos?. En esta oportunidad el Licenciado Diego Carmona nos cuenta como era Japón antes de la segunda guerra mundial, así como las implicancias económicas de esta. Además nos explica cuales fueron las reformas estructurales que establecieron las bases del "milagro japonés"




Hiroshima y Nagasaki

El Inicio del Modelo Japonés de Desarrollo Económico y las Implicancias Económicas de la Guerra.

Introducción

A Hiroshima y Nagasaki suelen nombrarlas como sinónimos de bombas atómicas o del fin de la segunda guerra mundial (SGM en adelante).Fueron las ciudades de Japón en donde se detonaron las únicas dos bombas nucleares que estallaron en toda la historia del mundo hasta el momento. El presidente Truman de los Estados Unidos ordenó estos ataques en Agosto de 1945. Seis días después del estallido de la segunda bomba, terminaba la SGM con la rendición de Japón ante los Aliados.
Quizá, antes de abocarnos a las consecuencias económicas de esta guerra, habría que comentar brevemente las consecuencias de otra índole. El ataque directo provocó la muerte instantánea de 90 mil japoneses en Hiroshima y 75 mil en Nagasaki. Otros 100 mil resultaron heridos por efecto directo de las bombas y otros tantos miles de decesos tuvieron lugar como consecuencia de las radiaciones que dejaron los ataques nucleares; así como miles de atroces enfermedades que ellas propiciaron. En total Japón llegó a los 2 millones de decesos, mientras que se calcula que la guerra borró del mapa a 60 millones de personas, de las cuales dos tercios eran civiles.

Japón antes de la guerra

En el período de preguerra, el país oriental, era una de las más importantes economías del mundo y perfilaba como uno de los ejemplos del desarrollo económico. Sin embargo su economía contaba con pocos, aunque serios problemas estructurales. Su raíz feudal era de difícil radicación y representaba un gran problema para el desarrollo económico japonés.
La economía en su totalidad, se encontraba fuertemente concentrada. Algunas pocas familias eran quienes detentaban el poder económico tanto en el plano del sector primario, vía propiedad de la tierra, como de los sectores industriales manufactureros y de servicios, con la existencia de los Zaibatsu.
La tierra se encontraba repartida y era explotada al estilo feudal. Extensos latifundios eran cultivados por diferentes familias agrícolas que rendían tributos a los dueños de esas tierras. Se calcula que entre un 40% y un 60% de la producción que lograban los trabajadores de la tierra terminaba en manos de los terratenientes. Con esta dinámica y este régimen de explotación de la tierra, difícilmente el excedente podría volcarse nuevamente a la producción en forma de reinversión. Entonces la productividad del sector primario no presentaba muchos progresos y se encontraba por debajo de la productividad media de explotación agrícola mundial.
En el sector manufacturero industrial y en el de los servicios, la economía estaba en manos de los zaibatsu. Su significado en japonés es “camarilla financiera o camarilla económica”, dejando entrever que se trata de un grupo de empresarios  agrupados y conglomerados en carteles. Los zaibatsu monopolizaban la economía japonesa, impidiendo la libre competencia capitalista  y  de este modo siendo un obstáculo para el desarrollo de la economía.
La gran dependencia de las materias primas como petróleo y acero también dejaba a la economía nipona en una situación compleja dado que conducía al estrangulamiento y creaba cuellos de botella.  Un hecho que ilustra esta dependencia es Pearl Harbor, que fue la consecuencia que siguió al bloqueo realizado por EEUU a Japón, cortándole los suministros de energía que la economía nipona importaba y necesitaba.

Japón en la inmediata posguerra

Terminada la guerra, Japón se encontraba exhausta y con enormes daños materiales. Había perdido los territorios de Taiwan, Corea, Manchuria y otras colonias que poseía antes de la guerra, completando una pérdida territorial del 44%. Se estima que el 42% de la riqueza nacional se perdió. El 40% de las zonas urbanas quedaron destruidas, producto mayoritariamente de los numerosos bombardeos aéreos realizados por EEUU: viviendas, medios de comunicación, carreteras, puentes, vías férreas. El 44% de la capacidad industrial instalada se perdió y la producción industrial no llegaba al 30% de lo que era en 1935, demostrando la imposibilidad de poner en marcha la totalidad del andamiaje industrial que sobrevivió. La producción agraria también se redujo hasta el 60%, muchas tierras agrícolas permanecieron incultivables por años y la pérdida del stock ganadero también fue grande. El costo total que se calcula gastó el Imperio Japonés en la SGM asciende a 14 mil millones de dólares de esa época.
El número de desempleados ascendía a 10 millones y se sumaban otros 6 millones de soldados que fueron repatriados. Esta situación, sumada a la escases de alimentos y la imposibilidad de importarlos, llevaron a un período de hambre en la Japón de posguerra. La economía estaba paralizada y un fuerte proceso inflacionario, que superaba los tres dígitos, estrangulaba la posibilidad de una rápida recuperación.

Japón y sus reformas: La gestación del Modelo.

Dentro las condiciones que se firmaron en la rendición japonesa, se establecía la presencia física de tropas estadounidenses en el país oriental. También se derogaba de todo poder político y de decisión al emperador japonés, quedando solo como una figura simbólica y estableciendo una estructura republicana en el país.
Rápidamente se hacía evidente la necesidad de ayuda externa en el plano económico. En 1949 se implantaba el plan dodge de la mano de EEUU. Su objetivo principal era poner fin a la inflación, mediante un programa de extrema austeridad. Se eliminaron subsidios y préstamos gubernamentales, se establecieron controles de precio y salarios, se impidió la monetización (señoreaje o emisión monetaria) de los déficits públicos, se elevaron los impuestos y se incrementó la eficiencia en la recolección de los mismos, también se estableció un solo tipo de cambio competitivo entre el yen y el dólar promoviendo la exportación a bajos precios.
Una serie de reformas estructurales fueron llevadas a cabo y formaron parte vital del proceso de desarrollo japonés, estableciendo las bases de lo que más adelante sería apodado como el “milagro japonés”.
Entre las más importantes se encuentran: reforma agraria, reforma de las leyes laborales y sindicales, el desmantelamiento de los zaibatsu, reforma del sistema tributario y la creación de instituciones económicas que permitían reglas de juego claras y promovían la estabilidad.
La reforma agraria permitió a Japón romper con la estructura feudal que tenía la propiedad de la tierra. El gobierno nipón obligó a las familias de terratenientes latifundistas a vender sus tierras al mismo Estado japonés, quien subdividió esas grandes extensiones y se las vendió a muy bajo precio a los campesinos que la cultivaban. Con una situación de escases de alimentos, como la que primaba en la inmediata posguerra, los precios de los alimentos se mantuvieron elevados por largo tiempo. Con la renta total ahora en manos de familias campesinas, la productividad del campo fue creciendo a medida que el sector se tecnificaba y tecnologizaba habida cuenta que el excedente era reinvertido. Con esta reforma agraria prácticamente se eliminó a la clase terrateniente y el desarrollo del sector primario permitió independizar gran parte del consumo alimenticio japonés, eliminando también el estrangulamiento en la economía que significaban la escases de materia prima para la industria. Esta revolución agraria también fue acompañada de inversiones gubernamentales y por la aportación de tecnología desde los Estados Unidos.
Otro frente importante que impedía al Japón de la preguerra desarrollarse completamente era la presencia de los zaibatsu. Este grupo de empresas familiares formaban carteles económicos concentrados y monopólicos que lograron dominar la economía nipona durante el período que precedió a la guerra. La presencia norteamericana ayudó en las medidas que se tomaron al respecto, las cuales no buscaron el exterminio de este grupo de empresas cartelizadas, sino más bien su disolución en pequeñas partes, obligándolos a competir entre sí a través del mercado. Esto también permitió la aparición de numerosas empresas de mediana y pequeña envergadura que debía competir fuertemente entre ellas para incrementar sus ventas. La libre competencia capitalista comenzó a primar en la economía japonesa siendo ésta el motor de la innovación tecnológica y la mejora de la técnica.
La reforma de la legislatura de las relaciones laborales fue otro de los pilares de esta nueva república. Se estableció la igualdad de género, se abolieron las formas de relación autoritaria al interior de las empresas, se promovió y permitió la formación de sindicatos. A diferencia de las formas sindicales federales que predominan en Europa y en nuestro propio país, los sindicatos japoneses se establecieron por fábricas o unidades empresarias. Esta nueva forma sindical resultaba en una especie de cooperativismo que permitía disipar las tensiones entre trabajadores y empresarios al mismo tiempo que promovía al aumento del salario real incentivando el incremento de la productividad.
La reforma tributaria giró en torno a la imposición directa y la disminución de los márgenes de evasión. El nuevo sistema tributario permitía la redistribución progresiva del ingreso promoviendo la equidad y siendo un instrumento de estabilización automática del ciclo.
Se crearon diversas instituciones en el plano económico brindando estabilidad, seriedad y planificación. Se destacan el Ministerio de Industria y Comercio Exterior (MICE), la Unión de Científicos e Ingenieros Japoneses y el Banco de Desarrollo que otorgaba créditos a muy bajas tasas para inversiones industriales, así como también se instituyeron otros ministerios económicos en la esfera de la administración pública. También se creó un Consejo de Estimulación económica y otro de Estabilización Económica. Estas instituciones tenían un fuerte corte nacionalista, y a pesar de la liberación de las barreras comerciales externas, contaban  con políticas de protección a los bienes de producción nacional, al mismo tiempo que se promovieron acuerdos de cooperación estratégica con empresas externas.

Alcances del Modelo Nipón

Las consecuencias de estos cambios en el plano económico y político fueron los causantes del “milagro japonés” y el desarrollo económico logrado.
Algunos datos pueden ilustrar esta realidad. En 1955, Japón ya se encontraba en el mismo lugar que antes de su irrupción en la SGM. Durante los años ’50, el PBI nipón creció a un ritmo promedio de 9,5%. Mientras que en la década de 1960 ascendía a 11% logrando ubicarse, a fines de esta década, como la segunda economía más fuerte en el mundo, seguido de los Estados Unidos. El período de crecimiento siguió sin quiebres hasta la crisis del petróleo. Entre 1950 y 1970, la producción industrial y manufacturera en promedio se duplicó cada 5 años.
La inversión en plantas fabriles y maquinarias industriales creció a un ritmo promedio del 22% entre el período comprendido entre 1951 y 1973. La tasa de crecimiento de la producción entre 1953 y 1971 resulta realmente sorprendente en algunos sectores: la industria del hierro y el acero se multiplicó por 14, la producción de maquinaria industrial llegó a ser 20 veces mayor, la industria química incrementó su producción 1.500%, la del petróleo y carbón 1.800%.
La productividad del trabajo creció más del 200% en el período comprendido entre la finalización de la guerra y las crisis petroleras. La productividad del capital acompañó con un crecimiento del 140%. Y la productividad conjunta de los factores creció a una tasa anual promedio del 5,4%, es decir un 335% en el período, dejando entrever la fuerte evolución de la técnica en la economía japonesa.
Las exportaciones e importaciones también crecieron fenomenalmente, 27 y 28 veces entre 1950 y 1973 respectivamente, haciendo notar la importancia de Japón en el comercio internacional.
Otro factor clave que denota  la importancia japonesa en el plano tecnológico lo demuestra el gasto realizado por el país en Investigación y Desarrollo. Mientras en 1960 era de 4 mil millones de dólares americanos (medidos a precio dólar de 1985), ascendía a 19 mil millones y medio de dólares en 1973, llegando a representar el 2% del PBI japonés.

La ayuda externa

Queda claro que el éxito del desarrollo económico de Japón tiene como principal responsable al pueblo nipón. Sin embargo el contexto internacional sumó una importante ayuda al gran crecimiento japonés.
La política norteamericana para los afectados de la SGM fue totalmente distinta a la adoptada luego de la primera guerra. Las ayudas económicas, tanto monetarias, como en capital, tecnología y bienes finales, fue grande y ayudó enormemente a las economías afectadas en su proceso de recomposición.
Japón fue uno de los receptores de enormes cantidades de capital y tecnologías avanzadas provenientes de EEUU. El destino principal de éstas fueron las industrias base y el sector primario, posibilitando a las industrias productoras de bienes finales y de maquinarias contar con insumos más batatos, más aptos, evitando cuellos de botella y permitiendo el desarrollo de un entramado intersectorial dinámico y completo; cuestión indispensable si se pretende contar con una economía desarrollada y sustentable en el tiempo.
También obligaron a Japón a firmar tratados de reparación y a comprometerse proveer de bienes y servicios a los países antes ocupados por el frente japonés, como Birmania, Filipinas e Indonesia. Se realizaron varios convenios bilaterales de comercio con el sudeste asiático y la relación comercial con los Estados Unidos también era fructífera. Estas políticas fueron de un gran impulso económico, ya que establecía a Japón como exportador neto, ayudando a la reactivación de su industria.
Al mismo tiempo, la economía mundial también se adentraba en un proceso de crecimiento aumentando la demanda internacional de bienes finales e intermedios. El precio de las materias primas, en especial el petróleo, eran bajos en relación con el precio de los bienes industriales, de manera que los términos de intercambio favorecían a la economía japonesa que exportaba bienes industriales e importaba materias primas y energía.
Finalmente, en 1950, estalla la guerra de Corea reactivando la enorme industria armamentística que Japón había logrado mientras duró la SGM y que se encontraba  completamente paralizada por la proceso de desarme obligado por EEUU.

Cuestiones culturales que ayudaron

Existieron factores extraeconómicos, algunos de ellos muy propios de la sociedad japonesa, que repercutieron positivamente y llevaron al país al lugar de potencia económica que tiene hasta hoy día.
La dotación de recursos humanos y mano de obra contaba con elevados grados de capacitación. El Imperio Japonés que detentaba el poder antes de la SGM, había destinado grandes recursos monetarios a la financiación de la educación. No existían prácticamente el analfabetismo en Japón y la matriz educacional se amplió y tecnificó aún más en la posguerra. A su vez la formación universitaria tenía un claro sesgo sobre el plano ingenieril. Se calcula que para 1970 un 20% de los universitarios eran ingenieros o técnicos.
La ética laboral de la población nipona tiene larga data y representa un impulso fundamental para la realización económica y material del país. La sociedad ostenta  gran movilidad social, es decir que es posible nacer en una familia humilde y convertirse en un gran capitalista. El medio para lograrlo es la eficiencia, el esfuerzo y capacidad laboral. La cultura hacia el trabajo no se rige bajo la dicotomía ocio-trabajo que prima en muchos países occidentales y que la misma teoría neoclásica recoge. Para ellos el trabajo es más bien una condición indispensable para la realización humana
Su cultura nacionalista, que los provee de abundantes beneficios, y su elevado nivel de ahorro, que también deriva de su cultura ancestral, fueron indispensables para logra el enorme crecimiento que alcanzaron en tan poco tiempo.

Consecuencias Económicas de la Guerra en General.

Cae de maduro las consecuencias negativas directas que conlleva la guerra, que por supuesto serán mayores o menores acorde la duración y al tamaño de la misma: pérdidas de vidas humanas, escases de alimentos, hambre, destrucción de la riqueza nacional, pérdida de territorio, destrozos materiales, fragmentos de tierra incultivables, desmantelamiento del aparato productivo y los sistemas de comunicación, paralización de la economía, vicios en las políticas fiscales gubernamentales, inflación.
Sin embargo, desde el plano económico pueden rescatarse consecuencias positivas que algunas veces trae consigo la guerra. Como ser el  aumento de la capacidad productiva de la industria pesada (hierro, acero), también de la industria química y la de energía, fomenta el desarrollo de grandes avances a nivel tecnológico y la invención de productos. Al mismo tiempo el desempleo y bajos niveles de salarios que deja la guerra, sumado a una industria base con mayor producción y  mejoras productivas dado que la misma guerra necesita de ellas, más la necesidad imperiosa por reconstruir la infraestructura perdida en la guerra, resultan en un coctel que muchas veces impulsa a un proceso acelerado de crecimiento.
A modo de ilustración podrían nombrarse algunos inventos que tuvieron lugar a raíz de las guerras: el radar, el helicóptero, los cohetes a propulsión, la radio, la medicina contra la malaria, nuevas formas de energía como ser el reactor nuclear o la misma bomba atómica, el acero inoxidable, el aerosol, el DDT (insecticida usado para la prevención enfermedades de transmisión vectorial), el láser, aviones a propulsión, puertos portátiles, el jeep, apareció el primer indicio de lo que hoy es una computadora, la gramacidina que fue el primer antibiótico de uso clínico, el submarino, el reloj de pulsera, el bolígrafo, la tela de gabardina, el ARPANET creado en la guerra fría fue el precursor de lo que hoy es internet, el horno de microondas, el GPS y cientos de bienes que usamos hasta el día de hoy.
Luego de la guerra, se crea la posibilidad de volver a empezar y superar los problemas del pasado, como lo hizo Japón.

Referencias Bibliográficas:

  •  Angus Maddison (1988): “Avances y retrocesos en las economías capitalistas evolucionadas". Comercio Exterior Vol 38 N°6.
  • Beashley, W.G. (1995): “Historia Contemporánea de Japón”. Alianza, Madrid.
  • Hobsbawn, Eric J. E. (1998): “Historia del siglo XX”. Crítica.
  •                                                        “The age of extremes: The short twentieth century, 1914-1991”. Biblioteca E. Hobsbawm de Historia Contemporánea (1994).
  • Pineda, Virgilio R. (1998): “La tercer Revolución Industrial y la Era del Conocimiento”. Centro de Producción Editorial, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
  • Nakamura, Takafusa (1981): “The Postwar Japanese Economy. Its Development and Structure". University of Tokio Press.
  • Rodao García, Florentino (1998): “Evolución histórica de la economía japonesa: del Siglo XIX a la crisis actual”. Tesina Universidad de Barcelona.
  • Weinberg, Gerhard L. (1995): “Un mundo en armas: la segunda guerra mundial, una visión de conjunto”. Grijalbo Mondadori.
  • Rodríguez Asien, Ernesché (2012): “Crecimiento Económico, Crisis y Reformas en Japón en las Dos Últimas Décadas”. Universidad de la Habana, Centro de Investigaciones de Economía Internacional.


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