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viernes, 4 de julio de 2014

15 - Futuro: Economía de la felicidad


Por el 10:10


En este bloque nos habíamos propuesto mostrarte el amplio campo de aplicación de la economía entre otras cosas, pero para lograr esto primero, hoy vamos a ver que es La economía de la felicidad... para ellos nos preguntamos ¿Qué es la felicidad? ¿Qué factores influyen? ¿podemos medirla? Todo esto y mucho más nos lo cuenta Emiliano Pellegrino




Riquelme, ¿Está feliz?

Periodistas, fanáticos, niños, deportistas, anuncios publicitarios, perros... Todos ellos persiguen al jugador de Boca que viste la camiseta número 10, todos ellos desesperados e impacientes, lo corren por las calles de la ciudad de Buenos Aires en busca de una respuesta fundamental sobre su condición... Riquelme, ¿Está Feliz?
Todos conocemos la respuesta que da Riquelme, no importa si queda afuera de la Copa Libertadores de América o lo expulsan recién empezado un primer tiempo. Nada puede doblegar la felicidad del ídolo xeneize. Sin embargo, uno puede detenerse a pensar un momento que, más allá del spot publicitario, existe una multidimensionalidad de factores que contribuyen a la felicidad del ser humano. Esto lleva a preguntarnos, ¿Puede la ciencia económica explicar el sentido de la felicidad de las personas? ¿Se ocupa de ella? Abordaremos el tema a continuación.

¿Qué es la Felicidad?

"Imagina que te estás moviendo por una escalera, la cual, solo tiene 10 escalones. Cada uno de ellos representa un nivel de felicidad, de modo que, el escalón número 1 (el más bajo) representaría la infelicidad absoluta y, el escalón número 10 (el más alto) representaría la felicidad plena. ¿En qué escalón te encuentras?" Más o menos con esta analogía de los escalones, psicólogos del siglo pasado abordaban las cuestiones de felicidad. Una persona puede, sin muchas dificultades, responder a esta pregunta en función de cómo ella se siente, pero, no muchas de ellas podrían definir con facilidad que entienden por "felicidad". El lector quizás ya se lo haya preguntado. En términos generales, puede entenderse por felicidad al grado de satisfacción con la vida que una persona tiene. Esta definición puede ser muy amplia, los factores que influyan sobre la felicidad de un sujeto pueden ser muy diferentes a los que influyen en la felicidad de otro. Se ha demostrado que, cuando se les pregunta a las personas respecto de su estado de felicidad, por lo general, tienden a tener respuestas diferentes a cuando se les pregunta sobre su nivel de satisfacción con la vida. La primera tiende a ser una respuesta más inmediata, de corto plazo. La segunda, en cambio, abre más el panorama de la persona y la lleva a recorrer por su mente todos aquellos momentos vividos y, en consecuencia, evaluar una calificación más detenida de cómo ha progresado su vida. Esto mucho tiene que ver con el esfuerzo que una persona lleva a lo largo de su vida, a veces, el esfuerzo y el sacrificio a corto plazo parecen agobiantes, pero tienen sus remuneración a largo plazo, y por lo tanto, mucho valor para una persona.

¿Qué tiene que ver todo esto con la economía?

Hasta acá podríamos pensar que cada uno es el responsable de su vida, cada quien busca su propia felicidad. Sin embargo, en la mayoría de las sociedades de hoy, uno no puede quedar al margen de lo que lo rodea. Reconocidos autores, e incluso ganadores de premios nobel de economía (como Amartya Zen) reconocen diversos factores que hacen a un buen desarrollo económico y social, como ser: La salud, la educación, el trabajo, las relaciones sociales, el medio ambiente, la inseguridad y la corrupción, por nombrar algunos. Es el Estado el fundamental protagonista en estas cuestiones, lo que nos abre el esquema de que las políticas públicas pueden (y deben) ir más allá de incrementar el nivel de ingresos por habitante.
Más de uno de los que lean esta columna, estarán de acuerdo conmigo en que el dinero no compra la felicidad. Es muy conocido, en este ámbito académico, un estudio que revela lo que se conoce hoy como "La Paradoja de Easterlín", la cual, lleva el nombre de su creador, y nos dice que un incremento en el nivel de ingresos influye fuertemente en la felicidad de las personas cuando éstas tienen un nivel de ingresos bajo. No obstante, cuando las personas poseen un nivel de ingresos más allá de cierto "umbral", por el cual logran cubrir sus necesidades más importantes, mayores ingresos dejan de tener un impacto significativo en la felicidad de la gente, o, dicho a lo economista, los billetes tienen rendimientos decrecientes en el salario de las personas. Una vez más, el dinero no es todo, ¡Pero como ayuda!
Por otra parte, también existen estudios que revelan cómo, el juego que lleva a cabo el gobierno a la hora de ganar elecciones, pone en relieve valoraciones propias de la sociedad respecto del ajuste entre inflación y desempleo. Tales estudios recalcan la importancia que tiene el sector gubernamental en sus decisiones sobre tales variables y, además, revelan la tendencia de las preferencias de las personas sobre bajas tasas de desempleo por encima de bajas tasas de inflación.

Y si el dinero solamente ayuda ¿Qué otras cosas impactan en la felicidad?

Cuando las personas logran un nivel digno de vida, y logran obtener un excedente a fin de año, ¿En que conviene gastarlo? Los estudios revelan que las personas se manifiestan más felices cuando consumen experiencias que cuando gastan los excedentes en el consumo de cosas materiales. Se fundamentan básicamente en que, como personas, solemos acostumbrarnos a los bienes materiales con el paso del tiempo, con lo que su impacto en nuestra felicidad se va deteriorando. Además, se suelen comparar los bienes propios con los de las demás personas, y hasta en algunos casos, esto genera que parte del consumo se vuelva suntuoso, es decir, que se consuman bienes solo por el hecho de generar una sensación de status social más alto que el de los demás y no para aportar a la "felicidad verdadera". En cambio, las experiencias se conservan para toda la vida, y la mente humana tiende a reprimir aquellas vivencias frustrantes que pudieran surgir en un viaje (como una larga cola para comprar los pasajes, o un largo viaje al lugar del destino), al mismo tiempo que retiene aquellas experiencias placenteras durante el mismo.
Retomando el tema, es cierto que las personas, naturalmente, se comparan con quienes los rodean. Por poner un ejemplo, ¿Cómo se sentiría usted si le suben el sueldo unos $1000? Suena bien... ¿No? y ahora, ¿Cómo se sentiría usted al día siguiente si, cuando va a trabajar, se entera que a todos los que trabajan en la misma empresa que usted le han aumentado el sueldo en unos $2000? Ni Riquelme estaría contento con ello. Es aquí donde se sopesan los niveles de desigualdad, a la hora de evaluar si, en realidad, una mejora de su condición personal, es justa, en función del contexto. Para agregar, también se considera que un impacto negativo sobre nuestra felicidad suele repercutir con mayor fuerza que un impacto positivo. Por ejemplo, se ha demostrado, que las personas se sienten relativamente bien si encuentran tirado en el piso $100, pero experimentan un deterioro considerablemente mayor en su condición anímica cuando pierden $100.
Es probable que a esta altura del partido, se les haya ocurrido que hay una variable que está siendo dejada de lado en el análisis, y ahora nos referiremos a ella para demostrar que, en economía, se puede hablar de cualquier cosa: El sexo. Un estudio realizado en Estados Unidos en el cual, las ecuaciones de felicidad utilizadas mostraban una asociación positiva con el comportamiento sexual de los encuestados. Como era de esperar, las conclusiones sostienen que mantener relaciones sexuales frecuentemente nos hace más felices. Puntualmente, el estudio reveló que el impacto en la felicidad es más fuerte en las personas que presentan un nivel alto de educación, las cuales, al mismo tiempo, tienden a tener un menor número de parejas simultáneamente (el óptimo fue de 1). Además, se observa en los datos que las personas casadas tienen mayor cantidad de relaciones sexuales, y por lo tanto, estar casado parece aportar más felicidad que otro estado civil. Finalmente, no hay correlación entre el ingreso y la cantidad de relaciones sexuales, el dinero no compra ni mayor cantidad de parejas, ni mayor cantidad de sexo, por lo que el supuesto de "billetera mata galán" ¡Se cae!

¿Es posible medir la felicidad?

Hasta aquí, hemos tratado cuestiones mayoritariamente micro, pero podemos pasar un poco al ambiente macro. Existen indicadores que califican el nivel de felicidad de una economía, más allá de que tan subjetivo es el concepto. En Bután, por ejemplo, existe lo que se conoce como "Felicidad Nacional Bruta", cuyo slogan de gobierno sostiene que la FNB es mejor que el PBN y, por lo tanto, las políticas económicas de Bután apuntan a mejorar dicho indicador. Además, existen también otros indicadores como el "Happy Planet Index" (Indice del Planeta Feliz) el cuál es publicado por la New Economic Fundation (NEF) y tiene en cuenta aspectos tales como el medio ambiente, la percepción subjetiva de la felicidad y la expectativa de vida del país. En dicho ranking, para el año 2012, Argentina se ubica en el puesto número 17, y los puestos más altos se los llevan Costa Rica, Vietnam y Colombia. Para cerrar, y si al lector le interesa, la consultora TNS Gallup realiza una encuesta a nivel mundial sobre la felicidad, la última fue realizada en el año 2010. En nuestro país, la encuesta se lleva adelante en conjunto con la Universidad de Palermo.


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