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viernes, 27 de junio de 2014

14 - ¿Quién sos?: Reforma tributaria


Por el 14:53


Vamos a conocer un poco mas sobre el sistema impositivo argentino, y para eso contamos con la presencia del Lic. Juan Diego Carmona. ¿Como surge el sistema impositivo que tenemos hoy el día? ¿Es una constitucion original o se trata de "parches" o micro ajustes? ¿Cómo se fue conformando en estos 200 años de historia que tiene la Argentina? Y otras preguntas que nos indiquen cual es el estado de situacion del sistema impositivo argentino, si necesitamos una modificación, en que sentido y con que objetivos.




Reforma Tributaria

Las propuestas que están en la agenda de algunos legisladores hoy día, distan mucho de una reforma integral del mismo, más bien podrían encuadrarse como uno de los tantos parches -microajustes- con los que ya cuenta el sistema impositivo argentino. Se ha hablado mucho en estos últimos dos o tres años de la modificación de los mínimos no imponibles para el impuesto a las ganancias; se han usado como una medida electoral en los pasados comicios legislativos por ejemplo. También han surgido otros proyectos de ley sobre el mismo impuesto, como las deducciones de ciertos gastos sobre esta obligación tributaria. La extensión de los impuestos selectivos hacia los autos de alta gama o compras en el exterior o bien las exenciones a los bio-combustibles que todavía son proyecto de ley, también forman parte de las modificaciones al sistema tributario en los últimos tiempos. No hay que olvidarse de la constante pelea por las retenciones agrarias, herramienta tributaria ésta que también debiera estar en tela de juicio ante una eventual reforma impositiva.

Pareciera que llegó la hora de replantearnos un nuevo sistema tributario. Ya hace mucho tiempo que los argentinos nos debemos una discusión seria al respecto.
Desde el nacimiento de la patria, hace ya más de 200 años, esta discusión estaba implícitamente presente. La búsqueda de apropiarse del excedente del comercio, en forma de tributos, fue un importantísimo argumento en favor de una nación soberana. Esta lógica siguió presente en toda la vida del país y se fue acomodando a las necesidades  y al tamaño del Estado. Así, sistema tributario fue ganando lugar y captando mayores porciones del producto nacional. Pero la forma que tomó este proceso fue acorde a la facilidad en la captación de los impuestos, es decir por la facilidad en la administración, y al poder de ciertos sectores a la hora de influir en la política económica del Estado, en lugar de tener en cuenta los mecanismos automáticos de los diferentes tipos de impuestos. Criterios de equidad y fiscalidad democrática que hubiesen dotado al sistema impositivo de progresividad redistributiva han quedado relegados hasta hoy día
Existen diferentes consecuencias económicas que se derivan de las distintas estructuras tributarias. Una de las principales es su influencia sobre la distribución del ingreso nacional. Existen otras no menos importantes y que alguna de ellas son las que predominaron, de hecho, en la historia tributaria del país (((((((se puede hablar de esto también…pero habría que hacerlo luego de definir impuestos directos e indirectos y un poco mejor al sistema tributario))). Pero nos centraremos en los efectos sobre la redistribución de la renta. En este sentido, se pueden distinguir tres posibilidades de sistema impositivo: regresivo, neutral o progresivo. Esto quiere decir que el sistema por sí solo realiza una redistribución en favor las capas de la población de mayores ingresos en detrimento de los más pobres (regresivo), que no redistribuye ingreso entre la población (neutral) o bien que transfiere renta en favor de los deciles más bajos de la distribución del ingreso. Buscando una definición más precisa, cabría especificar que no se redistribuye otorgando renta, dado que eso es trabajo de la política fiscal o de la distribución funcional del ingreso, sino que se redistribuye aportando distinto al fisco (pagando distintas magnitudes de renta en impuestos). Es decir que un sistema regresivo implica que las personas más pobres tributen mayor porcentaje de sus ingresos que lo que lo hacen los más ricos, y viceversa en el caso progresivo. Un ejemplo numérico: en la Argentina en el año ’97, el sistema tributario era regresivo dado que los dos deciles de menores ingresos tributaban  el 26% de su renta total mientras que los el quintil más rico solo cedía el 20% de su renta al Estado Nacional.
Esto no quiere decir que la cantidad de dinero que obtiene el Estado es mayor en los pobres que en los ricos. De hecho, es mucho mayor el dinero público percibido por los gravámenes a los ricos que a los pobres.  Pero la presión tributaria que recae en los más pobres es mayor que la que aquella que soportan los ubicados en los deciles más altos de la distribución del ingreso.
La causa de esto radica precisamente en la desigualdad del ingreso argentino. Como en el país, la desigualdad en la distribución del ingreso es grande, de las más desiguales economías del mundo -en sintonía con los países latinoamericanos-, 20% de la renta del decil más rico es muchísimo mayor que el 26% del 10% más pobre de la población. Para dar una idea de la magnitud de esto, vale la pena algunos datos: en el 2001 el promedio de renta del 20% más adinerado de la población era 22 veces mayor que el 20% más pobre.
La naturaleza del tipo de impuesto es lo que determinará quién será el que lo termine pagando. En este sentido es posible distinguir los impuestos directos y los impuestos indirectos. Los primeros son aquellos que debe afrontar la persona, ya sea física o jurídica, sobre la que recae el tributo. Y los indirectos son aquellos que pueden trasladarse a otra persona, es decir que termina pagando otra persona distinta de aquella sobre la que recae el gravamen. Los directos son los impuestos a las rentas en todas sus formas, la renta empresarial (las utilidades), la renta salarial, la renta patrimonial (propiedades de bienes e inmuebles), la renta financiera. Los indirectos son aquellos gravámenes que recaen sobre bienes y servicios, y por tal motivo, trasladables a quienes los consumen. Son los casos del impuesto sobre las ventas (IIBB), el impuesto sobre el valor agregado (IVA), los impuestos selectivos sobre bienes y servicios de demanda inelástica o sobre aquellos bienes dañinos o aquellos que se pretende desincentivar el consumo (por ejemplo gravámenes sobre bienes suntuosos).
La estructura tributaria, que determina el nivel de progresividad o regresividad del sistema, depende plenamente de la ponderación de cada impuesto directo e indirecto sobre el total tributado. El sistema impositivo argentino se ha caracterizado siempre por tener en su estructura mayor presión tributaria en los impuestos indirectos, dando lugar a un sesgo regresivo en materia de redistribución del ingreso.
Con la finalidad de ayudar a la comprensión, sería muy propicio recurrir a la historia más cercana del país
Durante la década del ’90, bajo las exigencias y “recomendaciones” del consenso de Washington y organismos internacionales se profundizó la matriz tributaria en favor de los impuestos indirectos, con el IVA como estandarte. Se quitaron exenciones a los bienes de primera necesidad por ejemplo, haciendo aún más regresivo ese impuesto. El objetivo de fondo que se pretendía, era la neutralidad de un impuesto general sobre todos los bienes y servicios de manera que no influyera en las decisiones de inversión y consumo sectorial. Es decir, evitar incentivos y desincentivos a invertir y producir determinado bien, otorgando así  libertad a los mercados y llevar a la economía al mejor de los equilibrios, sin favorecer a ningún sector productivo ni tampoco intervenir en las decisiones de consumo. Pero no se tuvo en cuenta, o bien no se quiso tener en cuenta, que el precio que había que pagar por ello, era una la redistribución del ingreso. Favoreciendo a ciertos sectores de la sociedad y en detrimentos de otros.
Las familias que se encuentran en los deciles más bajos del nivel de ingresos, que se caracterizan por consumir todo su ingreso en bienes y servicios, estarían siendo alcanzados por los impuestos indirectos en la totalidad de su renta. Para los integrantes de los deciles superiores, la porción de sus ingresos destinada al pago de impuestos indirectos resulta bastante menor que para aquellos de los estratos más pobres; siendo la otra porción de su renta, aquella no consumida en bienes y servicios, alcanzada por otros impuestos de menor envergadura y bien sin gravamen alguno, como la renta financiera por ejemplo.
Si bien existía durante la década del ’90 la imposición directa, como ser el impuesto a la renta variable y al patrimonio, hasta existieron avances en los mismos creando nuevas categorías en el impuesto a las ganancias por ejemplo, así como también algunos avances en los gravámenes sobre las propiedades en las esferas provinciales,  el peso que logró tener la imposición directa en el país fue muy escaso. Las principales razones se encuentran en la escasa población alcanzada por estos impuestos y en el elevado grado de evasión. Una estimación de la tasa de evasión medida por Darío Rossignolo que resulta bastante plausible, la encasilla dentro del orden del 45% - 65%.
En la década siguiente, el sistema tributario cambió su sesgo. Ahora es levemente progresivo. Pero habría que determinar las causas de este proceso. Las modificaciones que se hicieron en la materia tributaria fueron escasas y no tuvieron gran incidencia en materia distributiva. Esta propiedad de redistribuir renta que tiene el sistema de impuestos sigue sin ser tenida en cuenta por quienes tienen el poder de modificarlo. La principal causa del cambio de sesgo entre una década y la otra fue la ampliación de la base imponible del impuesto a las ganancias y la mejora en medidas anti-evasión.  Una medida fue claramente buscada, impedir tanta evasión gracias a mejoras en la administración y a las nuevas tecnologías por supuesto. Pero la razón fundamental, aquella que logra torcer realmente la balanza en favor de la progresividad redistributiva en el país, fue un accidente: la inflación. La escalada de precios y salarios fue metiendo cada vez mayor cantidad de personas dentro del grupo que tributa ganancias, es decir que se fue ampliando la base imposible. Ante la desactualización de los topes de los mínimos no imponibles del impuesto a las ganancias, sumado a mejoras en la administración y menor evasión, dieron lugar a que más personas tributen directamente sobre sus rentas sin posibilidad de trasladarla.
El espíritu de un sistema tributario progresivo está en que aquel que cuenta con mayor riqueza, ya sea corriente o patrimonial, tribute un mayor porcentaje de su riqueza que aquel que cuenta con una riqueza total menor. En la jerga de los contadores sería, que aquel que tenga mayor capacidad contributiva sea quien deba pagar mayores impuestos.
Para que esto tenga lugar, es necesario replantearse el sistema tributario, y cambiar por uno en donde los impuestos directos tengan mayor peso sobre el total de recaudación que los conocidos impuestos sobre los bienes y servicios. Tributos sobre la propiedad y la renta corriente deben primar en un nuevo reparto al interior del sistema impositivo, es decir en una reestructuración / reforma del mismo.




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